El desafío de la policrisis y el giro regenerativo
El artículo “El giro regenerativo en la facilitación de procesos colaborativos” postula que, en un mundo marcado por la “policrisis” —la simultaneidad e interconexión de múltiples crisis globales: sociales, económicas y ambientales—, la práctica de la facilitación de procesos colaborativos debe revisarse y adaptarse para mantener su vigencia y mejorar su impacto.
La propuesta central es adoptar un “giro regenerativo” que recoloca a los procesos naturales como contexto y modelo para los procesos humanos. Este enfoque da origen al concepto de Facilitación Regenerativa, que busca transformar conflictos y construir acuerdos tomando como fuentes de aprendizaje las ciencias de la vida, la biomímesis y la permacultura social.
El objetivo primordial es trascender la mera sustentabilidad para enfocarse en la restauración de las relaciones humanas y la regeneración de los ecosistemas dañados, orientando las intervenciones hacia la construcción de un futuro más habitable y sostenible, desde una perspectiva de “triple bien”: beneficios para las partes, la comunidad y el planeta.
A diferencia del canon clásico de la facilitación, que aboga por la neutralidad, el giro regenerativo exige una implicación en la escena y un compromiso con las partes y el ecosistema en el que se insertan. Esto implica la aplicación de un “pensamiento complejo” —en términos de Edgar Morin— que integra diversas dimensiones de la realidad y se nutre de saberes no occidentales, como las cosmovisiones indígenas —Kvme Mogen, Suma Qamaña y Tikun Olam—, que desde hace siglos conciben la habitabilidad sostenible a través de la armonía con la Naturaleza.
La regeneración como propósito y método
La Facilitación Regenerativa introduce dos propósitos fundamentales para su intervención:
- La regeneración de las relaciones humanas dañadas por la violencia y la conflictividad.
- La regeneración de las relaciones naturales y de los servicios ambientales provistos por los ecosistemas afectados.
El desafío metodológico reside en el diseño de procesos que incluyan a la Naturaleza adentro. El autor utiliza metáforas biológicas, como el micelio de los hongos —a partir de Sheldrake—, que actúa como puente y facilitador del intercambio en un bosque, para modelar la función del facilitador como un agente que revitaliza las relaciones humanas y no humanas.
A partir de la reflexión y la práctica, se proponen cuatro principios metodológicos esenciales para la Facilitación Regenerativa:
- La inclusión de todas las formas de vida —la Naturaleza— como eje de negociación y acuerdo, integrando la dimensión natural en las agendas de acción.
- La ternura como función que dignifica la subjetividad de las personas involucradas, especialmente en grupos que sufren desgaste relacional.
- La atención restaurativa al daño como prioridad, buscando reconstruir la historia del daño relacional y reparar los vínculos entre todas las formas de vida.
- La orientación y adaptación de los modelos de gobernanza a las necesidades del proceso, promoviendo la autoorganización y las relaciones simbióticas entre seres vivos, humanos y no humanos.
Caso práctico: el Bosque de Arrayanes —Kolümamüll—
El artículo presenta el caso del Bosque de Arrayanes —Kolümamüll—, en Argentina, como una experiencia práctica de Facilitación Regenerativa e Intercultural.
- El problema: a partir de la década del 2000, este arrayanal único, ubicado en el Parque Nacional Los Arrayanes, comenzó a sufrir una progresiva degradación ecosistémica.
- La intervención: el reconocimiento del problema impulsó un proceso de cofacilitación intercultural entre funcionarios de Parques Nacionales y autoridades de las comunidades mapuche vecinas.
- El método: se estableció un diálogo de saberes que combinó los conocimientos de guardaparques, científicos —INBIOMA y universidades— y referentes mapuche, incluyendo especialistas en medicina tradicional, como machi y lawentuchefe. Este enfoque híbrido permitió construir un diagnóstico integral e implementar prácticas conjuntas de cuidado.
- Los acuerdos: las acciones colaborativas incluyeron una ceremonia mapuche para restablecer la energía —newen— del bosque, la modificación de los lineamientos de manejo del parque, nuevas obras de infraestructura destinadas a proteger las raíces y un proceso de restauración ecológica.
- El resultado: el proceso demostró ser eficaz para fortalecer la resiliencia del ecosistema y, al mismo tiempo, sanar las relaciones culturales. También comenzaron a observarse signos de recuperación en el bosque, como vertientes que recuperaron su carga de agua.
Discusión y conclusión
El caso del Bosque de Arrayanes demuestra la potencialidad de la Facilitación Regenerativa para abordar conflictos socioambientales complejos en la era de la policrisis.
El enfoque invita a quienes facilitan procesos a dejar la neutralidad para adquirir una perspectiva “terrestre” —en términos de Bruno Latour—, que comprende a los grupos humanos como parte de una red terrícola viva.
Al reconocer a los actores como cocreadores, con la capacidad de generar nuevas cadenas de significado, la Facilitación Regenerativa busca aumentar la conciencia y la capacidad de proteger y regenerar los ecosistemas, tejiendo redes de acción colaborativa tan eficaces como restaurativas.
El artículo concluye abriendo el debate acerca de cómo intervenir de manera más sensible, tierna, coherente y estratégica en un mundo “tan vivo como herido”.
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